Casi el 7% de la población española está diagnosticada de ansiedad, según datos del Ministerio de Sanidad. A día de hoy, España es el país del mundo donde más ansiolíticos se consumen.

Eso sí, no hay que olvidar que la ansiedad es un mecanismo de defensa del cuerpo, en sí no es mala, si bien el problema surge cuando esta está descontrolada y nos impide desarrollar con normalidad nuestro día a día.

Tais Pérez Domínguez es psicóloga, y máster en Psicología Clínica y de la Salud con trece años de experiencia en la práctica clínica privada; y Sergio García Morilla es psicólogo y máster en Psicología Clínica y de la Salud. Ambos han publicado ‘Tu ansiedad bajo control’ (Zenith), un manual para no dejar que nos domine la ansiedad, y nos conceden por este motivo una entrevista en Infosalus.

Remarcan en ella que la ansiedad es una respuesta psicofisiológica que prepara nuestro organismo para enfrentarnos ante un posible peligro: «La ansiedad es una respuesta que sentimos todos los días, todas las personas. Se la conoce con distintos nombres: angustia, nervios, o inquietud, entre otras. Todas ellas acepciones que forman parte de la cara de la misma moneda. Por eso es importante distinguir entre sentir y sufrir ansiedad».

Además, señalan estos psicólogos que la ansiedad no tiene edad y afecta a cualquier rango de la población al ser una respuesta normal del organismo, tanto adultos como niños. «Como decíamos, lo importante es distinguir sentir, de sufrir ansiedad», insisten.

La causa o el inicio de la ansiedad es multifactorial, según sostienen estos expertos, y apuntan a que depende de la historia de aprendizaje de la persona, así como a su predisposición genética, entre otros. «Si todos estos factores se dan en un momento determinado en una persona que los reúna puede desarrollar un problema de ansiedad», añaden.

Cuándo se convierte en un problema de salud
Pérez Domínguez y García Morilla avisan así de que la ansiedad puede convertirse en un problema de salud cuando se da de forma excesiva en una situación determinada (‘me hace quedarme en blanco en un examen’), o se da cuando la situación no lo requiere (ir al supermercado cuando tengo agorafobia).

«La ansiedad cuando no se gestiona de manera adecuada limita y hace sufrir a las personas en distintas áreas de su vida (pareja, amistad, trabajo, ocio), al tomar decisiones basadas en la evitación de la ansiedad, y no en la conveniencia o no de hacer determinadas actividades o tareas», destacan.

Así, detallan que nuestro cuerpo sufre los efectos de determinadas hormonas (las catecolaminas) cuando sentimos ansiedad. Dicen que estas son vertidas en sangre como resultado de la percepción de un posible peligro, e induciendo una respuesta fisiológica que nos preparar para huir. «Así podemos sentir aumento de la frecuencia cardiaca, visión borrosa, boca seca, etc.», entre otros síntomas según describen.

Por otro lado, subrayan que la ansiedad a lo largo de la vida puede cambiar y manifestarse de otra manera, al tiempo que precisan que la ansiedad es la respuesta más común asociada al estrés, pero no la única.

Estrategias para gestionar y reducir la ansiedad
En último lugar, y preguntados por estrategias en el día a día para reducir la ansiedad, estos psicólogos consideran que «las estrategias generales son peligrosas» y pueden cronificar problemas de ansiedad, y afirman que siempre hay que individualizar cada caso.

«Tal vez lo que sí sirva para todas las personas, incluso a aquellas que no sufran ansiedad son: aprender comunicación asertiva, el manejo de la frustración y vivir de acuerdo con los propios valores», sostienen estos psicólogos.

En última instancia recalcan la idea de que la ansiedad no es mala y que es algo habitual: «Que en un momento determinado puede dejar de ser funcional y tenemos que aprender estrategias y herramientas para gestionarla y no sufrir por ella».

Con información de Infosalus.

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