La ciudad de Nueva York realizó este viernes audiencias públicas sobre su propuesta de crear un salario mínimo para los repartidores de comida para aplicaciones, donde quedó de manifiesto el desacuerdo con las plataformas, además de que no todos los repartidores piensan igual.

El Departamento de Protección al Consumidor y al Trabajador presentó una propuesta el pasado noviembre para este sector, estimado en más de 65.000 trabajadores, para establecer el salario de 23,82 dólares la hora para 2025, que fue rechazado por los «deliveristas», como se conoce a este grupo, quienes exigen 5 dólares más.

Este viernes este sector defendió su propuesta asegurando que es posible y que la de la ciudad no cumple con sus necesidades económicas.

Ligia Gualpa, directora del Proyecto de Justicia Laboral, que representa a los repartidores, recordó que estos trabajadores, en un gran número inmigrantes suramericanos, tienen que hacer una inversión inicial de unos 10.000 dólares para comenzar a trabajar como repartidores y entre 500 y 1.000 dólares mensuales para otras necesidades que no son cubiertas por las aplicaciones.

La Oficina del Contralor apoyo que la propuesta de la ciudad sea revisada para que al menos desde el 1 de enero se les comience a pagar 15 dólares la hora, que es el salario mínimo en Nueva York, y también propuso que se les pague por el tiempo en que esperan entre llamadas para hacer una entrega de comida.

En el lado contrario, DoorDash, una de las aplicaciones para las que trabajan los repartidores, se opone a la propuesta del salario mínimo y sus representantes aseguraron que eso redundaría en unos 87 millones de pérdida para los restaurantes y unos 29 millones para su compañía en 2023 porque bajarían los pedidos de comida al tener que aumentar el costo de la entrega.

Durante la audiencia se escuchó también a un grupo de trabajadores de la aplicación Relay oponerse a la propuesta del salario mínimo asegurando que ellos nunca han enfrentado problemas con el pago de su trabajo y que los 12.50 dólares/hora que ganan ahora pueden convertirse, gracias a las propinas, en 40 y hasta 50 dólares.

Otros trabajadores también fueron escépticos con el salario mínimo y expresaron preocupación de perder la flexibilidad que tienen ahora para crear su horario de trabajo a su conveniencia, lo que para dos repartidoras significa ganar un dinero con un trabajo parcial para pagar sus cuentas y poder atender a sus hijos.

«La propuesta del salario mínimo no es mala, pero creo que limita a personas como yo y la habilidad que tenemos de ser más flexibles. No tengo un problema con el aumento, es solo que creo que no podré trabajar con flexibilidad como madre soltera como quisiera», indicó una repartidora.

«Necesitamos este dinero como necesitamos de la flexibilidad», afirmó. EFE

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