La crónica menor: «La familia constructora de nueva sociedad» por Cardenal Baltazar Porras Cardozo

Nov 13, 2020 | Opinión en Mérida

Desde 1990 la Conferencia Episcopal Venezolana dedicó el segundo domingo de noviembre para dar inicio a la campaña anual “el abrazo en familia”. Sin el calor del hogar es casi imposible forjar una personalidad sana, abierta, fraterna. Necesitamos de la caricia y el afecto que multiplica y potencia lo mejor de cada uno como persona. La sociedad es cada día más compleja, necesitada de unas bases sólidas que den paso a las otras sociedades intermedias que conforman el caleidoscopio, el poliedro de relaciones que nos permiten vivir en sociedad.

No es una utopía. La familia es insustituible para la serenidad personal y para la educación de los hijos. Pero debe gozar de un mínimo de condiciones para que pueda convertirse en escuela de vida y en iglesia doméstica. El Concilio Plenario de Venezuela describe la realidad familiar criolla con “el modelo predominante de “familia matricentrada”, constituida en su estructura interna por la madre y los hijos. En esta estructura familiar, la madre y los hijos son lo permanente como grupo familiar, mientras que el varón no es determinante; la madre, y no la pareja, es el centro de todos los vínculos, por lo que se la conoce como familia matricentrada y funciona tanto en sectores populares como en sectores de clase media o alta”.

Este año para trabajarlo en grupo, la campaña tiene como lema “el hogar, un lugar seguro para todos, cultivando el buen trato y formación de los valores morales y espirituales, aceptando las diferencias y reconociendo el valor de cada uno de los integrantes de la familia”. A la luz de este llamado, descubramos las virtudes y los males que aquejan a nuestra sociedad. Nos quejamos de la violencia, del desamor y despreocupación por los demás, nos rasgamos las vestiduras por el espectáculo denigrante de ver a niños y adolescentes parados en cualquier semáforo pidiendo una ayuda. Falta el techo, la vivienda, pero sobre todo, a estos muchachos les falta el calor del amor que le da sabor aun a los momentos difíciles.

Trabajar por la familia, por la presencia permanente del padre y de la madre; ofrecer todo tipo de ayudas a las parejas, al núcleo más amplio que arropa a los abuelos, a los vecinos con quienes nos topamos a diario, pensando en el bien común que es el que nos conduce a la solidaridad y al gusto de ocuparnos los unos y los otros. El Papa Francisco nos ha regalado la encíclica “Fratelli tutti”, hermanos todos, potenciando la fraternidad y la amistad como claves para pensar y gestar un mundo más abierto. Apliquémoslo a todas las esferas de la vida, incluida claro está, la familia, gozne para aceitar los mejores propósitos.

Nunca es tarde. Francisco nos invita a recomenzar. “Cada día se nos ofrece una nueva oportunidad, una nueva etapa. No tenemos que esperar todo de los que nos gobiernan, sería infantil. Gozamos de un espacio de corresponsabilidad capaz de iniciar y generar nuevos procesos y transformaciones. Seamos parte activa en la rehabilitación y el auxilio de las sociedades heridas”. Que la experiencia de cada uno de nosotros, sea el espejo para construir la familia que soñamos. Dando gracias si tuvimos un hogar que fue calor de amor. Superando las lacras que han herido a tantos por no haber contado con un hogar acogedor, pero gracias a la ayuda de otros, han superado esas lacras y ven con mejores ojos el empeño por ser en su nueva familia, la que han constituido con amor y sacrificio para recuperar la amabilidad que convierten en estrellas y en luces lo que hacen en medio de la oscuridad.

54.- 9-11-2020 (3609)