1

 

Yolyter Rodríguez, quien fue herida con una bomba lacrimógena en el rostro, llama a dar la batalla. Invita a que regresen al país los que se han ido

Yolyter Rodríguez es una guerrera. De complexión pequeña, ha acompañado a los jóvenes en las protestas contra el gobierno de Nicolás Maduro como toda una combatiente. Su físico –que no aparenta los 57 años de edad que tiene– no muestra ni por asomo lo avasallante de su personalidad: inquieta, habladora, hiperactiva. En las marchas se la ha visto al frente, con guantes y máscara antigás, resistiendo la represión. No tiene miedo.

El 8 de mayo de 2014 fue herida por una bomba lacrimógena en la cabeza, precisamente cuando la Guardia Nacional Bolivariana desmanteló el campamento de los estudiantes en Chacao. Por esos días además peleó con un funcionario que le dio una cachetada por defender a los muchachos.

Nada de eso presagiaba lo que le tocaría padecer. El miércoles 26 de abril vendría lo peor. Esa mañana se presentó en Altamira, junto a su hija Deborah. Marcharon hasta el distribuidor y ya en la autopista Francisco Fajardo tomó camino hacia El Rosal: “Quise ayudar a los muchachos. Uno trata de apartarles las bombas que les lanzan, porque la fuerza de mi brazo no da como para devolverlas. Estaba en esas cuando sentí el golpe”.

Una lacrimógena dio de lleno en su cara. La sangre brotó a borbotones de los dos huecos que se abrieron producto del impacto. “No caí al piso ni perdí el conocimiento. Ahí mismo me auxiliaron, me protegieron con los escudos y me sacaron. Me pusieron una gasa para parar la sangre, me montaron en una moto y llegamos a Salud Chacao”, contó.

En su relato detalló que la GNB no disparaba al aire sino al cuerpo de los manifestantes. Recordó que la jornada fue aciaga, ya que una decena de periodistas resultaron heridos por el ataque con bombas y perdigones: “Yo lo que hacía era llamar a mi hija. Quería saber dónde estaba y si no le había pasado nada”.

De Chacao la llevaron al Centro de Diagnóstico Integral de Chuao donde le hicieron una tomografía craneal y diagnosticaron fractura frontal deprimida y fractura del hueso orbital. El ojo estaba lleno de sangre. No podía abrirlo. Luego la ingresaron en el Hospital Domingo Luciani para remover los huesos rotos. “Estamos a la espera de que cicatrice para ver qué tan grave es la deformidad y ver qué procedimiento se va a hacer”, señaló.

La recuperación ha sido lenta y el camino luce largo y tortuoso: “Me prohibieron las marchas. Estoy sin hacer nada y eso ha sido duro porque tenemos que protestar, alzar la voz de reclamo ante un gobierno que hace lo que le da la gana. Yo tengo fe en que vamos a salir adelante, aunque sé que nos va a costar mucho”.

Aunque hay quien le dice que es hora de marcharse a otro país y reiniciar su vida, ella se mantiene firme en sus convicciones. “Debemos dar la batalla. Que más bien se vengan los que se ha ido y entre todos echemos el resto”, subrayó.

Deborah Norbis es la hija menor de Yolyter. Tiene 25 años de edad. Estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad Central de Venezuela, acompañó a su mamá el día de la agresión: “Yo estaba cerca de Salud Chacao y me fui corriendo. Al verla casi que me da un infarto. Tenía la mitad de la cara hinchada, toda llena de sangre”.

Cree que lo mejor está por venir: “Estamos por buen camino, a pesar de que no hay manera de saber si esto va a ser para largo. Hay que seguir resistiendo”.

El dato

Yolyter Rodríguez debe realizarse una tomografía que determinará los siguientes pasos en su tratamiento: si le colocan una placa de titanio o una masa ósea para tapar el hundimiento. Para colaborar se puede hacer a la cuenta de ahorros 0102 0140 3601 0600 0797 del Banco de Venezuela, a nombre de Deborah Norbis, C. I. 20.616.855. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo../ EL NACIONAL

Gobernación de Mérida