bancodevenezuela

Omaira Isea, una exempleada bancaria de 59 años, se perdía en la multitud que rodeaba las afueras del Banco Bicentenario del bulevar 5 julio con calle 74. Apoyada sobre una camioneta, no le importaba ocultar su indignación por la situación como jubilada. “Esto es una falta de respeto. Cuando trabajaba yo atendía a los viejitos. Esta gente no tiene consideración”.

En medio de su disgusto la mujer denunció que los vendedores ambulantes que estaban afueras de la entidad cobran hasta 40 mil bolívares  por los primeros puestos para entrar a cobrar. “Los vendedores de pasteles y jugos están encompinchaos con el portero del banco para dejar pasar a quienes pagan. Les dan los primeros números y los que no pagamos quedamos por fuera”.

La situación fue corroborada por José Vicente Medina, un exalbañil de 82 años, quien llegó a las 2.00 de la madrugada a la misma agencia de la capital zuliana. Venía desde El Moján, en el municipio Mara, para cobrar sus 345 mil bolívares. “Cuando llegué tenía a más de 100 personas por delante. Aquí había gente que esperaba desde hace dos días”.

A menos de unos 20 metros, en el Banco de Venezuela, la situación no era diferente. Los jubilados y pensionados se quejaron por la lentitud con la que pasaban a cobrar. “Empezaron a pasar de 30, luego de 10, ya van por cinco y en cualquier momento nos dicen que no hay línea, porque todos los días de cobro de pensión a eso de la 1.00 del mediodía nos dicen que se cayó el internet”, comentó Luis Amestre, un marino mercante jubilado de 73 años.

Los pensionados aludieron que insisten en ir por el efectivo ya que los alimentos siempre salen más caros al comprarlos con tarjeta. Además el transporte público en Venezuela no acepta pagos electrónicos y ellos tienen necesidad de ir a consultas médicas constantemente por su edad. Solo espera que un día los trabajadores bancarios llegaran a su misma edad y van a necesitar cajeros como una vez lo fue Isea. (LV)