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Margarita iba atravesando a pie la avenida Lecuna, en el centro de Caracas, cuando se percató de que la cola para obtener el carnet de la patria en la sede del Ipasme de Santa Rosalía era bastante corta.

La mujer, aproximadamente de 45 años de edad, había leído la noche anterior sobre la extensión que había aprobado el gobierno para las jornadas de carnetización en todo el país. Margarita, aunque lo había dejado para último momento, sabía en el fondo que era una prioridad acudir.

“Me lo saco por obligación, pues dicen que tendremos que usarlo para todo: para las medicinas, hasta para el pasaporte”, exclamó en la cola fuera de la institución pública, acompañada de casi ocho personas más.

Dos jóvenes la escucharon con atención y luego se miraron entre ellos, sonriendo. “Haz tu cola por tu bonito”, le decía el mayor al otro de menor edad.

El joven, con gorra de lado y barba corta, le sentenciaba convencido: “No creo que nos lo den a todos, pero hay que intentar”, dijo haciendo referencia a los pagos que recientemente ha efectuado el gobierno a través de este mecanismo mediante un sistema automatizado.  

El politólogo Ricardo Sucre sostiene que aunque los ciudadanos no pueden ser dirigidos por lo que indique un carnet, sí pudiese aplicarse este instrumento como “una señal de coacción o intimidación, utilizando una necesidad hacia una determinada política”.

Sucre indica que esta “invitación forzada, dirigida a un público específico”, le permitirá al gobierno conocer a su propio público y aplicar un mecanismo de control social a medida que se tenga a la población identificada.

Resalta que aunque no refleja una base dura para el chavismo, este instrumento puede funcionar para una planificación de la sociedad que permita identificar las necesidades y a partir de ello movilizar y atender.

De acuerdo con  Maduro, hasta el martes pasado se habían inscrito 16, 2 millones de ciudadanos a quienes les pidió utilizar el carnet de la patria en los puntos que estarán ubicados en la salida de los centros electorales el próximo 10 de diciembre.

Sucre opina que en este caso se activa la indecisión de ir o no a votar. “Ya el hecho de la amenaza marca un comportamiento; mucha gente votará el domingo aunque no tenga ganas, porque pensará que lo están monitoreando”, dice.

Control. En Plaza Caracas, las impresionantes colas avanzaron rápidamente durante todo el operativo debido a la cantidad de máquinas dispuestas para atender a la alta asistencia.

Y es que el carnet de la patria se ha convertido en un instrumento indispensable para quienes simpatizan con el oficialismo y ahora, ante las denuncias sobre su carácter obligatorio para la adquisición de medicinas, alimentos y hasta efectivo, también para el resto de los venezolanos.

La advertencia arrojada por Maduro en relación con la necesidad de tener el carnet de la patria para acceder al servicio público de medicinas y procesar transacciones bancarias, ya está ocurriendo. Se les solicita el carnet para dar paso al procedimiento, de acuerdo con varias denuncias.

El analista y experto electoral Juan Mijares califica este recurso del gobierno, así como las cajas y bolsas CLAP, como fortalezas del oficialismo que generan “una especie de control social para incidir en el voto, con los recursos e instrumentos de la administración pública, las misiones y programas similares”.

Asegura que estos programas y misiones resultan “eficaces, aunque no eficientes”, pues logran su efecto, cada vez que el gobierno decide crearlo.

“No pueden sostener ninguno de estos mecanismos, pero pueden aplicarlo cada vez que quieren y eso tiene su impacto”, explica Mijares, al exponer que es necesaria una propuesta alternativa por parte de la oposición. (EN)