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La crisis de medicamentos en Venezuela no ha dado tregua desde su comienzo hace cuatro años. Los pacientes oncológicos son unos de los más afectados y han peregrinado para cumplir con sus tratamientos, como la compra en el mercado ilegal o lograr que les envíen los insumos desde otro país.

Maira Cárdenas, presidenta de la fundación Convida, que se encarga de atender a mujeres con cáncer de mamas, lamentó en entrevista para El Cooperante que el país esté pasando por “la peor crisis” y que no se consigan los medicamentos para cumplir con los tratamientos médicos que se requieren.

Señaló que desde hace cuatro meses no reciben bloqueadores hormonales y las mujeres que tienen positivo el HER2 tienen más de un año que no reciben el medicamento Herceptin. Además, las recién diagnosticadas no pueden mantener su tratamiento porque no tienen otros insumos como Doxorrubicina o Docetaxel.

Cárdenas indicó que muy pocas pacientes tienen acceso a los medicamentos y que, por lo tanto, los están abandonando, “porque si consiguen para un ciclo y no consiguen para el otro, se desaniman y no continúan“. Algunas presentan metástasis y han recaído en el cáncer porque no pudieron colocarse el tratamiento a tiempo.

La presidenta de Convida dijo que en Caracas la única maquina que sirve para aplicar las radioterapias se encuentra en el Hospital Oncológico Padre Machado. En este centro de atención médica dan cita para dentro de cuatro y cinco meses, “y eso es desesperanzador porque mientras una persona que espera el cáncer puede seguir avanzando”.

Cárdenas fue diagnosticada con cáncer de mamas en 2014; y en 2015 recibió la quimioterapia, la cirugía y la radioterapia, pero luego le realizaron un estudio en el que salió positivo el HER2, cuando había comenzado la falla de suministro de medicinas.Co ntó que a través de un seguro privado tuvo acceso solo a cuatro de los 18 ciclos necesarios y al verse en esa situación su hija, quien se encuentra radicada en Panamá, la aseguró en ese país y viajaba cada 21 días para colocarse el tratamiento con Herceptin y realizarse los chequeos necesarios.

“Terminé el tratamiento porque eran 18 y yo quedé con una inmunoterapia con Aromasín, que hace cinco meses ya que no me la da el seguro social y corro el riesgo de que se active la parte hormonal y pueda recaer por falta de medicamentos”, narró a esta redacción.

Al igual que Cárdenas, Lisbeth Medina de Gómez, de 59 años, consigue un respiro fuera de las fronteras venezolanas. En el 2016, a duras penas y gracias a donaciones o por envíos, consiguió cuatro de las 16 inyecciones que le había mandado el doctor.

“Esas desaparecieron y en Colombia están inaccesibles, no se puede comprar ni comprando yo la casa. Cuestan unos 20 millones de bolívares. Yo opté por olvidarme de eso porque vi que no tengo posibilidades”, manifestó Medina. Una quimioterapia oral ha sido desde ese entonces una forma de enfrentar la enfermedad. Tiene una hija en Colombia que se encarga de enviarle el tratamiento, que puede durarle un mes y tiene un costo de 11 dólares.

En Venezuela, Medina se encarga costear los exámenes, que sobrepasan los 100 mil bolívares. “Terrible”, así ha sido la situación para ella, pero aún se muestra optimista porque su intención es curarse para irse del país y reunirse nuevamente con sus hijos en el exterior. “Es inhumano que el Gobierno no haga algo”, rechazó.

Norelys Hernández, de 40 años, fue diagnosticada en 2010 y presentó una progresiva evolución, pero desde hace cuatro años aproximadamente ha presentado recaídas por no tener a la mano las medicinas. Comprar medicamentos fuera del país para Hernández es “incomparable e imposible” debido a los costos que implica la compra y el envío. Su doctor se vio obligado a ajustar otro tratamiento para sobrellevar. “Al menos estoy estable, pero por supuesto que si yo recibiera la quimioterapia que debería, segurísimo que fuera una respuesta más rápida”, dijo. (El Cooperante)