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monseñorporrasnegro

 

La última crónica del año debería estar dedicada al tradicional feliz año, pero las circunstancias que vive Venezuela obligan a una reflexión más seria. La peor crisis que ha vivido el país en toda su historia es la actual. Más allá de los padecimientos por un sistema socio-político-económico inviable, padecemos una crisis moral de grandes dimensiones. La convivencia humana a todos los niveles tiene su fundamento en normas de comunicación que generen confianza y credibilidad. El lenguaje, le da seguridad a la relación entre las personas si es igual para todos, sin ambigüedades. Es lo que llamamos verdad y trasparencia.

Sirva de ejemplo, las apuestas en las peleas de gallos. La palabra dicha es un documento más creíble que si fuera notariado o registrado. Faltar a la palabra dada es un delito. Pues bien, esta norma se roto en el presente a nivel de quienes conducen el país, ya que todo se interpreta según la conveniencia del momento. La constitución de la república se interpreta según las circunstancias. Los poderes públicos se legitiman por las elecciones, y constatamos que el poder ejecutivo reclama para sí la total legitimidad y se la niega al poder legislativo porque no está dominado por su parcialidad. La misma carta magna señala los tiempos de elecciones, revocatorios y consultas populares, y se inventan subterfugios para no cumplir con dicho mandato. La consecuencia es clara: el poder se legitima por el servicio a la gente, no por el usufructo del mismo, sin importar la vida y la dignidad de las personas.

La Conferencia Episcopal advierte: “Las recientes medidas de carácter económico y monetario implementadas por el Gobierno Nacional han agudizado la crisis que golpea a nuestra nación y a todos los ciudadanos. Las palabras del profeta Jeremías salen a nuestro encuentro para describir la situación que en estos días ha vivido nuestra gente: “Mi dolor no tiene remedio, mi corazón desfallece. Los ayes de mi pueblo se oyen por todo el país…Sufro con el sufrimiento de mi pueblo, la tristeza y el terror se han apoderado de mí” (Jer. 8,18-19.21)”.

“Poner fuera de circulación, en este momento del año, el billete de más alta denominación (Cien bolívares) y la manera apresurada de implementar la medida han causado graves molestias a toda la población y han provocado indignación, rechazo y violencia…. Los pobres, como siempre suele suceder, han sido los más perjudicados y los más indefensos con las decisiones tomadas”…”A nuestra gente, en particular los más pobres y excluidos, queremos hacerles sentir nuestra cercanía. Para ello, les invitamos a ser protagonistas de su propio desarrollo”…“A todos los dirigentes políticos, económicos y sociales, de cualquier signo y color, les invitamos a ponerse del lado del pueblo y a buscar, en sintonía con el mismo, soluciones que beneficien a todos”.

El valor de la palabra está en la sintonía entre lo dicho y lo hecho. Para los creyentes la fuerza de la navidad está en que la Palabra se hizo carne, uno de nosotros, para fortalecer nuestra debilidad. Y esa palabra no ha fallado nunca. ¡Feliz año!

60.- 21-12-16 (3142)