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hansnueva

 

Muchas granadas en el suelo sin activarse. Sin embargo, parecieran pétalos de rosa desgajados a lo largo de un camino inhóspito que nos lleva al destino de resultados poco convincentes. El diálogo entre gobierno y MUD se aviene como un armisticio de vísperas de navidad, se aviene en sus resultados episódicos como crónica de una muerte anunciada soportando el vértigo de una montaña rusa. Así es la política hoy en Venezuela: un ir y venir de incertidumbres en un laberinto que posterga sus salidas.

En consecuencia, nos corresponde acotar lo bien dicho por el poeta Rafael Cadenas: “Que cada palabra lleve lo que dice” esto como refrendación de los acuerdos preliminares del diálogo en cada uno de sus apartes y puntos suspensivos. No se trata de escrutar con severidad el lenguaje empleado en el documento suscrito, sino más bien de realizar un ejercicio de calificación de contenidos habida cuenta de las ofertas y demandas entre gobierno y oposición. La MUD por ejemplo, -y allí nuestra primera descarga- esgrimió que el diálogo se produjo gracias al reconocimiento de la crisis institucional que el mismo gobierno había originado, y por consiguiente significaba de antemano un triunfo político de la agenda unitaria. El haber logrado la mediación del vaticano también generaba condiciones propicias para garantizar un manto de moralidad frente al resto de acompañantes.

Pero en términos más ajustados el diálogo fue la resulta de la liquidación del referendo revocatorio. El país democrático exigía en lo inmediato una reparación de daños y la oposición representada en la MUD estaba obligada a reaccionar ante semejante exabrupto.

El punto de quiebre se resume en una consigna bien apropiada: Ruptura del Hilo Constitucional. Y debía procederse mediante acciones y decisiones a su restablecimiento so pena de ser cómplices ante semejante barbaridad cometida por la dictadura del siglo XXI.  Sin embargo, de la afrenta cometida por parte del gobierno que exigía firmeza, concertación, determinación pero sobre todo coherencia e inteligencia política por parte de la MUD, ésta compró su pase directo al diálogo y acto seguido declina toda actividad de movilización de calle y suspensión ipso facto del debate en la AN sobre el denominado juicio político contra Nicolás Maduro, lo que hubiese agudizado el conflicto entre poderes y desencadenaría escenarios inciertos de confrontación.

Así las cosas, el país entró en una mudanza abrupta de expectativas y una porción importante de los factores democráticos entendió que el diálogo llegó como coartada del gobierno para neutralizar la esperanza de un cambio político. Era la segunda gran frustración en menos de 15 días, y es importante señalar este contexto para entender y aleccionar los resultados preliminares de cara a la coyuntura que en apariencia ha sido subyugada especialmente por operaciones del régimen en todas direcciones.
El punto sustancial del diálogo era lograr el restablecimiento del Hilo Constitucional y tirarle un salvavidas al revocatorio de la cual la MUD había hecho mucha bulla sin que este fundamento de lucha supusiera una disputa de consecuencias lamentables para el pueblo venezolano. Ese era el nodo crítico sin contradecir los otros aspectos colaterales o intrínsecos que estaban sobre el tablero ya que la MUD debía ser contribuyente con su propio discurso y mostrarse coherente al menos frente a sí misma.

No obstante, al término de la segunda jornada integral del diálogo donde se exhibieron resultados el Gobernador del PSUV Tareck El Aissami quien asistió sorpresivamente a la segunda sesión de diálogo aseguró a través de su cuenta twitter que “el referendo revocatorio no entró en la discusión, esta liquidado” y en documento leído por el Alcalde Carlos Ocariz en representación de MUD dijo como coletilla y al final de la lectura de un comunicado aparte que: “las elecciones generales y revocatorio son temas que serán abordados en las próximas sesiones”. Es decir, no están de manera taxativa en el documento central de los primeros acuerdos logrados.

Debemos apuntar que por parte de la MUD se había impuesto a los mediadores un ultimátum de fecha límite de no conseguirse resultados tangibles en esa dirección.

En honor a la verdad este documento de acuerdos no fragua lo estipulado en las consignas de lucha por parte de la MUD, por el contrario muestra la imposibilidad cierta de un cambio político como corolario para superar la grave crisis económica en la que estamos sumergidos. Sin querer dar un sentido historicista del documento y sin querer hacer un minucioso examen semántico donde sin lugar a dudas caben las críticas y sensibilidades, observamos que la MUD claudicó en lo esencial que era hacer valer el respeto a la Constitución Nacional y eso pasa por el acatamiento de que lo que haya legislado la AN, órgano legítimo de incuestionable representación mayoritaria y por lograr un último oxigeno al referendo revocatorio, al menos sudar más en su propósito.

Por ejemplo, Sala Electoral del TSJ y CNE respectivamente no han hecho en once meses los descargos y trámites necesarios para comprobar si efectivamente hubo o no fraude electoral en las elecciones parlamentarias del pasado 6 de diciembre en el caso de los Diputados indígenas electos del Estado Amazonas.

Es inaceptable que en la mesa de diálogo se convenga a unas nuevas elecciones para el próximo año sin escuchar la opinión de la parte interesada, en este caso al Gobernador del Estado -líder de la oposición- y a los mismos Diputados que introdujeron un Amparo constitucional en favor de la representación legítima de quienes los eligieron.

Esta incongruencia delata por un lado la intención maligna del régimen de dejar a la oposición sin mayoría calificada en el parlamento para negociar el  nombramiento de los dos nuevos rectores del CNE antes de que finalice el año. Por el otro, se demuestra el precario ejercicio de estrategias de los negociadores de la MUD que por aquello de agarrar aunque sea fallo se conforman por ir de la mitad hacia abajo en el cumplimiento del pliego de exigencias.

En otro de los puntos del acuerdo, el régimen hará corresponsable a la MUD en la búsqueda de soluciones a la grave crisis económica, además de incluir la participación de otros sectores representativos de la economía nacional para ampliar el margen de maniobra por parte del régimen. Allí el discurso oposicionista ha sido tajante y vertical: No puede haber superación de la crisis si no hay cambio de gobierno. Y el régimen ha contestado con demencia que van a profundizar el modelo socialista a través de la “estricta” implementación del Plan de la Patria.

El gobierno hasta ahora no ha dado muestras de mayores rectificaciones en ese sentido. ¿Lo hará en el futuro? Hay razones valederas para dudar y ser escépticos. La oposición ha enfilado su crítica constante en este aspecto, ha sido la punta del iceberg de su discurso sobre el cuestionamiento del modelo económico. No hay manera de cohabitar criterios contrapuestos, allí está en esencia el debate político y la lucha por el cambio.

Sobre la liberación de los presos políticos no vimos mención por ninguna parte en los 5 puntos de acuerdos leídos por el acompañante del Vaticano. En el Comunicado MUD que se leyó a posterior si se mencionan usando la frase “personas detenidas” cuestión que ha levantado un tsunami de advertencias, suspicacias y decepciones que dan al traste con la condición real e incuestionable de que su estatus es la de presos políticos, víctimas de un régimen que ha actuado con la mayor maldad totalitaria frente a los más de cien presos a quienes no se les ha demostrado culpabilidad en los hechos por los cuales se les acusa.

La lucha por la liberación de los presos políticos es una lucha moral, que corresponde a valores de dignidad humana, y por respeto al dolor de familiares y a las víctimas que han sufrido tortura se debe realizar el mejor esfuerzo para hacer valer la justicia y reparación de daños. No puede tratarse con ligereza este drama vivido, no debe aceptarse el tratamiento de fichas de intercambio a los presos políticos, todos son importantes y su sacrificio no puede ser confiscado por algún criterio en particular o circunstancial.

Por último, lo acordado sobre la defensa de los derechos inalienables sobre el territorio de la Guyana Esequiba el régimen pretende hacer creer que este tema es merecedor de punto de acuerdo para superar la crisis y generar consensos sobre la política de defensa que ellos han emprendido con resultados desastrosos en el resguardo de la soberanía territorial. Es mezquino creer que la oposición no está interesada en ello, por el contrario hay evidencia verificable en los últimos 17 años de los reiterados llamados de atención por muchos dirigentes de la Unidad echando en falta el interés del gobierno sobre este tema.

En su conjunto estos acuerdos a interpretación de la MUD son elementos positivos que significan avances sustanciales en lo exigido. En nuestro modo de ver las cosas se pretende convertir un despojo en botín. Se cayó precipitadamente en el chantaje de retórica discursiva de que otra forma distinta al diálogo era incurrir en la violencia, y que la MUD sería única y exclusiva responsable del baño de sangre. Ese fantasma pesa y asusta pero es un artificio alimentado por el gobierno que condiciona la lucha, y desde la oposición muchos han fundamentado el peligro de la lucha de calle desnaturalizando lo que garantiza la misma constitución: Nuestro derecho ciudadano a la protesta.

La MUD ha perdido oportunidades para avanzar decididamente en la conquista del cambio democrático. Le cuesta capitalizar mayoría obtenida el pasado 6 de diciembre, y aún valga decirlo, no maneja una propuesta alternativa con contenido programático. Su lógica es electoralista y por lo tanto intrascendente frente a sectores sociales que necesitan depositar su esperanza en referentes creíbles que inauguren una nueva etapa bajo un proyecto político convincente de largo alcance. Hoy la Unidad Democrática si no se desafía así misma se inmola. Y eso sería muy lamentable. Acampar hasta el 2019 sería el fin de la política. Tengamos los arrestos necesarios para avanzar unitariamente siendo firmes en la verdad de las convicciones y valores democráticos, con mayor sentido de inclusión y espíritu autocrítico.