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monseñorporrasnegro

 

Una bocanada de aire fresco, de andadura por la senda del bien, de perseverancia en la vocación que enamoró su vida, es la celebración de los 75 años de ordenación sacerdotal de Mons. Raúl Méndez Moncada, ejemplo a seguir por quienes recibimos también la gracia del presbiterado. El Táchira todo se ha volcado en el reconocimiento a la labor desarrollada por este hombre que se convierte en piedra viva de la existencia de la diócesis sancristobalense, ya que coinciden ambos en el tiempo.

Tuve la dicha de conocer al Padre Raúl Méndez cuando era seminarista filósofo e iba a pasar las vacaciones de agosto en casa de mi familia paterna. Las fiestas del Santo Cristo de La Grita atraían por la devoción pero también por la cordial acogida de su párroco. Sin distinciones, el Padre Méndez alojaba en la vieja casa cural a los primeros seminaristas que llegaban y compartíamos igual que las personalidades e invitados espaciales que abrevaban a su mesa. No era sólo un buen cumplidor de la urbanidad de Carreño sino que además le brotaban por los poros esa delicadeza de espíritu que lo ha acompañado toda la vida. Apreciado y admirado por sus fieles, cultivó siempre las artes, y su conversación, al igual que sus muchos escritos rezuman buen saber y agradable literatura.

A lo largo de mi vida sacerdotal nos unió entre otras muchas cosas la afición por la historia local y la academia. En mis años de administrador apostólico de la diócesis tachirense lo tuve como Vicario General. Su prudencia y atinado juicio hicieron fácil y agradable aquel año y medio, con la satisfacción de potenciar muchas de las virtudes que tiene aquella circunscripción eclesiástica. Apoyó en mucho la organización y puesta en marcha del archivo y el museo diocesano, al igual que los proyectos de la Universidad Católica del Táchira, de la mano del R.P. José del Rey Fajardo sj. Me cupo el honor de imponerle la distinción de Protonotario Apostólico otorgada por el Papa Juan Pablo II a su larga trayectoria.

Las bodas de diamante sacerdotales y la cercanía al siglo de existencia, con envidiables facultades que le permiten compartir con todos, es una alegría y un orgullo para la iglesia venezolana, pues su impecable trayectoria es muestra de que la semilla de la gracia cayó en tierra abonada y ha dado fruto sazonado. Ofrendamos en medio de la crisis que azota a nuestro país el ejemplo de constancia, paciencia y coraje que lo ha hecho ser hombre rectilíneo, faro de luz para cuantos se acercan a él. Enhorabuena, querido Mons. Méndez Moncada y que su testimonio de fe y esperanza siga siendo bálsamo suave para seguir por la senda que usted ha sabido llevar con gallardía y con amor de Dios y del prójimo. La Virgen de la Consolación lo arrope con su manto y el Santo Cristo de La Grita premie todas sus buenas obras.
50.- 16-10-16 (2879)

Gobernación de Mérida