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elsagamezmonzon

 

Una vez cumplido los primeros requisitos que  pusieron en marcha  el mecanismo que da paso a la convocatoria del referéndum revocatorio, su activación dejó de ser una simple alternativa democrática para  convertirse en un derecho fáctico de los ciudadanos y una obligación para el ente electoral que no puede soslayar ya que en función del derecho político contenido en el artículo 72 de nuestra Constitución, y ante la masiva manifestación de la voluntad del pueblo expresada al momento de recolectar las firmas requeridas para elevar dicha solicitud queda en evidencia que la misma no es producto de la arbitrariedad, sino una consecuencia lógica que se deriva del principio de soberanía popular.

 La profunda crisis social, política y económica por la que atraviesa el país que afecta a todo la población en sus necesidades mas básicas hace  insostenible en el tiempo continuar con el mismo derrotero fracasado al que no están conduciendo los actuales gobernantes.

 Sólo la esperanza de un cambio en la conducción política y Administrativa de la Nación a través de mecanismos democráticos, pacíficos y constitucionales es lo que mantiene contenido un estallido social que a nadie conviene y solo agravarían las precarias condiciones de vida de nuestros ciudadanos, el pueblo convencido de ello y no obstante la urgencia de una solución en plazo inmediato, anhela y espera con paciencia que se produzcan los cambios necesarios que no solo resuelvan su difícil situación actual, sino que además le permitan construir un mejor futuro, pero esa paciencia no es infinita, ni está cundida de sopor y modorra, por ello lejos de  atreverse a frustrar esa esperanza lo cual, sería de graves consecuencias insospechada, las autoridades electorales tienen la obligación de escuchar su clamor y abrir las puertas que le permita al pueblo definir su destino y salir del actual marasmo gubernamental en que nos encontramos, producto de ello la gran presión social existente apenas contenida por el dique del referéndum revocatorio cuya eficacia de contención tiene un límite en el tiempo para encausar democráticamente ese torrente del pueblo.