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El país con las mayores reservas petroleras probadas del mundo, y el primero con mayor reserva de oro en Latinoamérica, Venezuela, se encuentra bajo el yugo de un régimen tirano y mafioso presidido por el tirano Nicolás Maduro quien da continuidad al sistema Castrocomunista instaurado por Hugo Chávez, con Tareck El Aissami en la Vicepresidencia, involucrado en el negocio del narcotráfico y el encargado de que Venezuela sea un país satélite para el asentamiento de miembros del grupo terrorista Hezbollah, y Diosdado Cabello como constituyentista de la fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente, capo del Cartel de los Soles y jefe mayor de los “Colectivos” o grupos armados paramilitares, formados para el control de la población.

Esta Hidra de 3 cabezas está conectada con una imbricada red de crimen organizado de baja y alta escala en la que participan empresarios de maletín, altos funcionarios (y no tan altos) civiles y militares, empresarios, políticos y sus familiares; pero más grave aún, grupos de Chinos, Iraníes y Cubanos decidiendo, saqueando, robando y explotando lo nuestro.


Han durado ya casi 20 años, ocupándose de acabar con el aparato productivo público y privado, de arruinar PDVSA convirtiéndola en una empresa criminal, desmantelar centrales hidroeléctricas, la industria del gas, agroindustrias, y como consecuencia nos encontramos con una nación sometida al desabastecimiento, a la miseria y al hambre, a la persecución, a encarcelamientos, a desapariciones, a ejecuciones, a inseguridad por el hampa desbordada, la cual, por cierto, ha sido utilizada como política de gobierno para ocasionar un estado de excepción permanente; todo con la finalidad de mantenerse en el poder.


Pero la tragedia no termina allí, sino continúa con la completa ruina del sistema de salud del país, cuyo personal altamente profesional y capacitado hemos hecho lo humanamente posible para tratar de mantener la asistencia a quien lo necesite, con mínimos recursos, muy escasos insumos, prácticamente inexistencia de medicamentos básicos para el uso intrahospitalario, resolviendo e improvisando tal cual fueran hospitales de guerra, con la única finalidad de salvar vidas y proporcionarles algún alivio.


Son cientos de denuncias introducidas en múltiples organizaciones que defienden derechos humanos nacionales e internacionales, acerca del sufrimiento de los pacientes con diagnósticos de enfermedades crónicas. Citaré algunos ejemplos para intentar generarle una idea a las personas afortunadas que no padecen de enfermedad alguna o que se encuentran fuera del país, acerca del terrible y frustrante escenario que se vive en las consultas y hospitales con los pacientes con diagnósticos de cáncer, quienes conviven con la epilepsia, insuficiencia renal, enfermedades respiratorias, cardíacas, neurodegenerativas, entre muchas otras condiciones; quienes para poder seguir viviendo o tener un mínimo de calidad de vida requieren de algún tratamiento específico y periódico o definitivo; como quienes necesitan un transplante, o quienes posterior a un accidente de tránsito llegan a una emergencia requiriendo ventilación mecánica, o en estado de shock por pérdidas de sangre o con otras lesiones y no tenemos los ventiladores suficientes (para la asistencia mecánica de la respiración), o insumos disponibles; incluso en el caso del IAHULA faltan cirujanos de tórax para realizar toracotomías de emergencia (abrir y operar el tórax) y remediar así dichas condiciones y salvar estas vidas en lo inmediato.

Si lo logramos mediante la improvisación y la ayuda de Dios, con toda seguridad en días posteriores demandarán suero o soluciones de cualquier tipo, antibióticos, anticonvulsivantes, sedantes, relajantes musculares, nutrición parenteral, catéteres, sondas, inyectadoras, exámenes de laboratorio y de imágenes, intervenciones quirúrgicas únicas o sucesivas, según el caso, etc., y como no tenemos los insumos necesarios, pues los familiares de los pacientes deben “hacerlos aparecer” a como dé lugar, pero… ¿Con qué? ¿En dónde? ¿Cómo diantres?


La impotencia es infinita.

Por: Danissa Ramírez

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