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colombocorrida

 

La corrida tenía un asterisco en el calendario de la gran mayoría de aficionados. El cartel llamaba la atención, en especial por la presencia de una terna de espadas que no iban dejar pasar la ocasión para alcanzar el triunfo. Y vaya que los toros no nos aguaron la fiesta, a pesar de tremendo frio con la que tuvimos que pasarnos la tarde, viendo una corrida que no perdió interés. Tuvo el común denominador de la movilidad y la nobleza, y esto sería aprovechado por los diestros del cartel, lo que ofreció el corte de seis orejas, todas ellas con absoluto mérito y en especial, con la rotundidad de los hechos.

César Vanegas ha hecho gala de los galones que supone la veteranía y el largo rodaje. El mencionado robusto torero de Seboruco ha dejado ver en su lote la claridad que impone la solvencia que siempre ha atesorado. El saludo por verónicas con el primero de la función hizo prever lo dicho anteriormente, frente a un anovillado ejemplar, excesivamente manipulado de pitones. El medido castigo en varas dio pie a un tercio de banderillas por parte del torero con más voluntad que lucimiento, para en la muleta desgranar toreo por ambas manos de mérito, en especial por la diestra, pero con el molesto elemento del fuerte viento que condicionaba terrenos para realizar faena. Trasteo aseado, con excesivos tiempos muertos, que no del todo hizo entrar en calor a los presentes. La media ración de acero, tendido, dio pie a las palmas con la que se le premio actuación.

Más mérito se le vio con su segundo, el cual sangró en varas con mimo. El tercio de banderillas fue mero trámite, con más efectismo que ortodoxia, para de nuevo hacerse de una labor con la pañosa, de detalles, de torero curtido, colocación, metraje, altura de engaños, que a final de cuentas marcan diferencia, y sobre todo hicieron aprovechar las embestidas noblotas de «Eduardito». Los tres cuartos de espada en buen sitio fulminantes, dio pie a la petición de una oreja de peso, paseada acompañados por la savia de nuevos aficionados, niños que son el futuro de esta fiesta. Por cierto, faena brindada a su padre, el viejo “Fulichan”.

No estuvo a gusto en su primero Daniel Luque, animal de bella lámina, el cual cuidaría excesivamente en el caballo, mero trámite, para luego en la muleta vencer estas condiciones así como el viento que hizo de esta un querer y no poder antes elementos adversos ya mencionados. Faena de detalles y aliños propios de una tauromaquia amplia que requiere de un toro y condiciones más potable. La estocada desprendida, previo a un pinchazo, dio pie a que saludara al tercio, tras petición de los presentes.

Pero lo verdaderamente interesante vino en el quinto, un jabonero de nota para el ganadero, que no del todo funcionó en la muleta, trasteo que contó con dos partes, la primera venciendo las asperezas de un toro protestón al engaño, al que le aplicó la terapia del temple y firmeza de pies para vencer estas limitantes. Luego, vino el regodearse en muletazos de gran trazo, en especial por la derecha, donde la faena tomaría ribetes de gran calado al tendido, al punto de solicitársele al toro el indulto que el torero vaciló en no en tomar en consideración. El espadazo en todo lo alto, fue elemento indiscutible para que la oreja cayera en sus manos por su propio peso.

Por su parte lo de Colombo la tarde de ayer tiene otro matiz. La faena al tercero fue un rosario de cualidades propias de un torero con ansias de triunfo. El anovillado que pechó en suerte le recibió con torero saludo por verónicas rodillas en tierra. El quite por tafalleras tras mero trámite en varas supuso aroma de toreo caro que luego en la muleta tuvo esencia de toreo ambicioso, en especial en el espectacular tercio de banderillas, tres pares de gran espectacularidad y sobre todo meticulosa interpretación. En la muleta vino el recital de series, comenzando rodillas en tierras, para desgranarse en labor por momentos donde se sintió a gusto, a pesar de las pocas fuerzas del animal, dosificándole siempre. Las bernardinas ceñidísimas con la que cerró faena en los bajos de sol supusieron ese elemento que faltaba a la faena para tras el espectacular volapié con la que crujió al toro, dejarle “pata pa’ arriba” en menos de 10 segundos sin puntillas y desatarse la pañolada que dio pie a la doble concesión de las dos orejas.

Pero vendría lo cumbre con «Don Diego», posiblemente el último toro que lidie como empresario Ricardo Ramírez, animal de unas hechuras ideales, que no fallaron. La faena arrancaría interés desde el propio tercio de rehiletes, nuevamente con la espectacularidad de este torero, para en la muleta estructurar faena desde la óptica de la firmeza de terrenos, a pesar de dejarse trompicar las telas en más de una ocasión. El toro era un manantial de nobleza y bondad que supo sacar partido por ambos pitones lo que desataron la unánime entrega de todos los presentes, que hizo tras intentar perfilarse inmediatamente se asomara el pañuelo naranja, indicando el indulto del toro y el triunfo pletórico de torero y ganadero, un guiño de adiós que esta tarde tendrá su colofón final, por el bien de la fiesta brava en Mérida.

Al final, más de uno bajaba de la plaza toreando el viento. Habíamos visto la tarde que todos y en este caso la feria de este año necesitaba. @rubenvillafraz

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