migrantes

 

Una venezolana visitó a su familia en su natal Mérida, desde donde emigró a Ecuador hace dos años y medio. Laura (nombre ficticio para proteger su identidad) salió del estado andino en noviembre de 2016, en busca de un mejor destino para ella y su parentela.

Ese regreso de la venezolana a Mérida, en mayo de 2019, la impactó sobremanera. Incluso no llegó a reconocer a un vecino quien, antes de ella emigrar, estaba fornido y tenía la cara rellena, pero lo vio sumamente delgado, relata el diario El Comercio, de Ecuador.

Cinco días duró el reencuentro de Laura con sus parientes. Lo que consiguió en Mérida la deprimió en extremo.

La migrante contó a El Comercio que para comprar el pasaje de regreso a Quito, viajó a Ejido (18 minutos al suroeste de Mérida). Su madre le entregó un fajo de billetes más alto que su mano. Asegura que contó 5.000 bolívares en 100 billetes.

Recordó que durante su breve y reciente visita a Mérida, compró un cartón de huevos con 250 billetes de 100 bolívares (Bs. 25.000).

Nunca había visto tanto papel. Para darme el dinero de los huevos, mi mamá, mi papá y mi hermana tuvieron que contar la plata, porque yo aún no logro entender cómo funciona el bolívar soberano (vigente desde el 20 de agosto de 2018), narró Laura a El Comercio.

Refiere que en Ecuador se compran varias cosas con un billete de 20 dólares, que alcanza para productos de higiene personal y más.

Lo que más impactó a Laura fue constatar que el salario mínimo, de Bs. 40.000, apenas alcanza para alimentar bien a una persona, pero no para una familia entera. Por eso vio a sus compatriotas sumamente flacos. Nadie puede darse el lujo de comprar un bistec porque el dinero no alcanza.

Fue una realidad que golpeó a la migrante merideña, quien expresó al periódico ecuatoriano que el sacrificio que hace vale la pena, «los dólares que envió mensualmente a mis familiares son muy valiosos para ellos».

 

large vertical