rocasa

Luego de realizarse un sobrevuelo con dron en la zona afectada por los fuertes deslizamientos de tierra en el sector La Roca de Zea, los representantes del Gobierno regional presentaron el informe técnico a la comisión integrada por los delegados del Ministerio de Transporte Terrestre y la alcaldía de ese municipio.

El presidente del Instituto Merideño de Infraestructura y Vialidad (Inmivi), Gerardo Albarrán, anunció en rueda de prensa que las gráficas aéreas que tomó Protección Civil le permitieron a los expertos determinar que el movimiento de masas está activo y que no cesará hasta tanto no se elimine la capa de material rocoso que está polifracturado y saturado de agua producto de las lluvias.

Los estudios preliminares sobre la afectación en la zona –detalló Albarrán– indican que debe utilizarse una maquinaria especial, pero los costos de los trabajos a ejecutar –según las recomendaciones dadas– superarían los 30 millardos de bolívares, dinero con el que no cuenta la Gobernación del estado.

Por esta razón, los representantes del Ejecutivo regional han manifestado su disposición –desde que se presentó la contingencia– de trabajar conjuntamente con el Gobierno nacional para ejecutar las labores que permitan recuperar la calzada y evitar que se sigan registrando fuertes deslizamientos de rocas y lodo, que ponen en riesgo la vida no solo de quienes transitan por esta importante vía, sino del personal técnico que realizaría los trabajos de estabilización de la montaña.

No ha habido remoción de material

Por recomendación de los técnicos de Protección Civil, desde que se produjo el primer derrumbe, en la zona no se pueden realizar trabajos de remoción de material hasta tanto la montaña no se estabilice, lo cual aún no ha ocurrido ni ocurrirá, ya que la afectación en la parte alta persiste y hasta que no sea eliminada el deslizamiento continuará.

El ingeniero geólogo y profesor de la Universidad de Los Andes, Jorge Carrero, precisó que las afectaciones de la montaña se extienden en unos tres kilómetros a lo largo de la vía, razón por la cual siguen ocurriendo deslaves.

Aclaró que el fenómeno que allí se registra no es una falla geológica, es solo una consecuencia de la voladura utilizada en la zona hace cerca de cien años para la construcción de la calzada. En ese entonces se abusó de los explosivos que se necesitaban para dar el ancho de la vía y destruir la roca; fueron esas voladuras las que polifracturaron la roca en varios puntos.

Aunado al daño del peñasco, el enjambre sísmico registrado en 2015 también dejó sus consecuencias. “La onda sísmica dejó sentir su acción sobre las fracturas preexistentes formadas por las voladuras, y la adhesión interna que hay entre los restos de roca fue cediendo y con los periodos de lluvias el agua se filtró y comenzó a bajar todo el material”, detalló Carrero.

Una de las recomendaciones dadas por Carrero consiste en llevar maquinaria hacia la cúspide, ya que las montañas se perfilan de arriba hacia abajo, con una oruga o D7 Caterpillar, la cual no está disponible en ningún organismo. Considera que se debe bajar de una sola vez el espesor del material polifracturado que aún está ahí y no en “cómodas cuotas”, ya que se pondría en peligro la vida de quienes transitan por la zona. /Prensa OCI

publicidad 2