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Desde que se descubrieron los restos del Titanic se han podido recuperar cientos de objetos del famoso barco. Restos que ahora descansan en numerosos museos del mundo y que mantienen la memoria del transatlántico más famoso del planeta. Parece que lo que queda del barco está a punto de desaparecer.

El 1 de septiembre de 1985 el oceanógrafo Robert Ballard descubre el pecio del Titanic. El hombre había hallado a casi 4 mil metros (3,8) de profundidad en el fondo del Atlántico Norte los pedazos de una construcción histórica, de un hito de la ingeniera como fue el Titanic.

Aunque entonces pocos lo sabían, aquel descubrimiento se produjo debido a la participación de Ballard en una misión secreta de la Marina de Estados Unidos. Los restos de dos submarinos nucleares estadounidenses hundidos durante la Guerra Fría permitieron encontrar el Titanic entre ambos naufragios.

En el momento del descubrimiento inicial el barco estaba notablemente preservado. La falta de luz y las intensas presiones hacían que la zona fuera inhóspita para la mayoría de los tipos de “vida”, lo que a su vez frenaba la corrosión. Pero de eso hace ya más de 30 años, tiempo en el que el casco se ha ido oxidando por culpa de las bacterias que mastican el metal.

En 1991 un grupo de científicos en Canadá recogieron unas muestras de extrañas formaciones que colgaban de la nave. Tras los análisis en el laboratorio vieron que estaban llenos de vida. Casi 20 años después, en el 2010, otro grupo de científicos identificó qué tipo de vida era aquello.

Los investigadores aislaron una especie de bacteria, y resultó ser completamente nueva para la ciencia. Una que fue nombrada como Halomonas titanicae en honor al barco. La bacteria fue descrita como un microorganismo que se adhiere fácilmente a superficies de acero creando salientes de herrumbre. Además, se cree que trabaja en conjunto con otros organismos para acelerar la corrosión.

Lo increíble es que las bacterias pueden sobrevivir en condiciones que son completamente inhóspitas para la mayoría de las formas de vida en la Tierra como las altas presiones. Pero es que además ha heredado otro truco aún más asombroso. Las bacterias Halomonas a menudo se encuentran viviendo en otro tipo de ambiente extremo: las marismas. Aquí, la salinidad del agua puede variar dramáticamente debido a la evaporación, y las bacterias Halomonas han evolucionado para hacer frente al problema.

Lo cierto es que si el agua donde se baña las células es demasiado salada, el agua saldrá corriendo de las células. Seguramente te suena si hablamos de la ósmosis. Se trata de un fenómeno físico relacionado con el movimiento de un solvente a través de una membrana semipermeable. Este comportamiento supone una difusión simple a través de la membrana, sin gasto de energía. La ósmosis del agua es un fenómeno biológico muy importante para el metabolismo celular de los seres vivos.
La proa del pecio del Titanic, fotografiada en junio de 2004. Wikimedia Commons

Las sales, los azúcares y otras moléculas pequeñas se disuelven en el agua, obstruyen y ocupan espacio, lo que significa que hay menos espacio para el agua en sí. Cuando estas áreas de baja concentración de agua entran en contacto con agua pura, el agua se apresurará a igualar el equilibrio de la misma manera que el aire caliente sale de una casa en invierno cuando se abre la puerta.

Como las membranas celulares son permeables al agua, esto significa que todas las formas de vida son extremadamente sensibles a los niveles salinos externos e internos. Para evitar que sus células exploten o se contraigan, muchas especies producen compuestos como los azúcares o los aminoácidos que mantienen la concentración de “materia” estable dentro de sus células en relación con el exterior (deteniendo el agua).
Lo increíble es que estas bacterias pueden sobrevivir en condiciones que son completamente inhóspitas para la mayoría de las formas de vida en la Tierra como las altas presiones

Sin embargo, no hay muchos organismos que puedan hacerlo en la medida en que las bacterias lo hacen. Y aquí viene otra cosa sorprendente de estas bacterias: pueden sobrevivir en condiciones tan extremas y variables a través de una molécula o componente natural llamado ectoine con el que se protege de la presión osmótica.

Dicho de otra forma, cuanto más salada es el agua, más ectoína producen las bacterias dentro de sus células para evitar que el agua salga corriendo. Pero, y aquí viene la parte interesante, esta adaptación puede resultar peligrosa para un organismo, ya que cuantas más “cosas” se acumulen dentro de una célula, más se alterarán las propiedades únicas del agua. (Gizmodo

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