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No me caracterizo por ser alguien fácilmente accesible a través de mensajes. Tiendo a dejar el celular en silencio porque el agudo tono cada vez que me llega un mensaje hace que eche humo por las orejas.

    Desearía poder silenciar todas las notificaciones de mis contactos "lo siento mamá, papá y todas las personas que me importan, pero comunicarme con ustedes me da muchísima ansiedad". Obviamente, eso no es posible.

Sin embargo, silencio las cadenas de mensajes con más de tres personas y eludo por completo los grupos familiares. Es un gesto pequeño, pero retirarme de esas conversaciones grupales me tranquiliza, incluso aunque a veces me sienta excluida y sola, por no hablar del sentimiento de culpa por hacer sentir a mi familia que son una molestia.

He descubierto que ignorar a mi familia por mi propia salud mental puede ser terapéutico. Los teléfonos inteligentes parecen estar causando más problemas que beneficios: estos dispositivos han abierto un universo de nuevas opciones para que la gente "y no solo nuestra familia" nos moleste.

Un estudio de la Asociación Estadounidense de Psicología (APA, por sus siglas en inglés) de 2017 reveló que comprobar constantemente los emails y los mensajes de texto contribuye significativamente a nuestros niveles de estrés.

Nancy Cheever, profesor de comunicación en la Universidad Estatal de California Dominguez Hills, EE.UU., investiga cómo los celulares afectan a nuestro estado de humor y dice que estar "constantemente conectados" a través de emails, textos y redes sociales es una garantía para experimentar ansiedad.
La distracción también afecta a nuestra vida laboral.

Tal y como explicó Scott Bea, un psicólogo de la Clínica Cleveland, en Ohio, EE.UU., al periódico británico The Daily Mail el año pasado, comprobar constantemente las notificaciones puede reducir la productividad en un 40 por ciento. ((GV)